La Habana Vieja de hoy convive con tensiones que cualquiera que la haya dejado reconocerá al instante: el peso de décadas de desinversión, edificios que siguen esperando, una infraestructura que exige paciencia... Pero también hay algo nuevo en el aire. Una energía distinta que se nota en los espacios que la gente ha ido recuperando, en los negocios que han abierto y en las personas que han decidido apostar.